"El Tour nos recuerda que la vida sigue"

"El Tour nos recuerda que la vida sigue", afirma Alexandre Vieux, un habitual de las salidas de la ronda francesa, que reconoce que el ambiente es particular en una edición sin apenas público, con dominio de las mascarillas y sin acceso a los corredores.

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"El Tour nos recuerda que la vida sigue", afirma Alexandre Vieux, un habitual de las salidas de la ronda francesa, que reconoce que el ambiente es particular en una edición sin apenas público, con dominio de las mascarillas y sin acceso a los corredores.

El ambiente en Niza para el lanzamiento de la 107 edición del Tour de Francia este sábado dista mucho del fervor popular que suele levantar la carrera más importante del mundo. Niza aguardaba desde hacía 39 años para ver un lanzamiento de la carrera y la decepción era la nota dominante.

"Es una pena, hemos esperado tanto y no podemos acercarnos a los ciclistas,... Todo esto es necesario, pero creo que exageran un poco. Se podía buscar algo más moderado, pero han optado por las medidas extremas", asegura Roland Casteau.

Acompañado de sus hijos, que sostienen un cuaderno para recoger autógrafos que no podrán estrenar, este loco de la bicicleta trata de amasar el máximo posible de recuerdos de la carrera, que arroja una caravana publicitaria recortada a la mitad.

"Es verdad que hay limitaciones por la seguridad, pero todo el mundo lleva mascarilla, croe que se podrá completar la edición sin problemas", señala Jessica Romano, italiana que trabaja en la ciudad de la Costa Azul francesa.

Aficionada al ciclismo, esta siciliana que vivió en Madrid cree que "el Tour es demasiado importante como para que se anule".

Tampoco es la primera vez que vive una salida del Tour Frank Sagnier, que lamenta no poder acercarse a los corredores.

"Espero que al menos el Tour llegue hasta el final", señala este habitante de la región, que acaba de escuchar en la radio al ministro francés de Educación, Jean-Michel Blanquer, asegurar que no cree en la suspensión del Tour.

"Lo han preparado tan bien, han tomado tantas precauciones, que la hipótesis de anular el Tour es muy débil", aseguraba en la salida Blanquer, que repetía la letanía habitual de llamamientos a la prudencia mientras los rebrotes se multiplican en el país.

Adam Pavand, que luce una camiseta del Barcelona, aplaude en una valla casi desierta el paso de los corredores. "Recuerdo la contrarreloj por equipos de 2013, no se cabía aquí", asegura.

Para este joven, "es normal que no hayan anulado, aunque haya riesgos, no son superiores a los que se corren en un partido de fútbol".

Vieux opina igual. Mientras saluda a miembros de la caravana publicitaria, en la que ha trabajado durante años, este joven muestra su alegría de que el Tour haya comenzado.

"Es todo muy extraño, ver a la gente con la mascarilla, todos lejos, pero la gente está contenta de que haya salido y esperamos que pueda llegar hasta el final", señala.

Casi se le ponen llorosos los ojos cuando piensa en la posibilidad de que el Tour no hubiera comenzado, al tiempo que confía en que las precauciones serán suficientes para que la carrera acabe sin problemas.

"Los organizadores han tomado las medidas adecuadas, evitando que los corredores entren en contacto con el público. Es una pena para el aficionado, pero para la economía del ciclismo era importante que el Tour se disputara, así que había que hacerlo así", resume.

Un fijo de las cunetas francesas en el mes de julio, reconoce que en septiembre todo será diferente, "habrá menos gente y no podremos ver sus caras".

"Pero está bien que haya Tour, nos recuerda que la vida sigue, que nuestras costumbres siguen estando ahí. Lo que hubiera sido un desastre es que no se hubiera podido disputar. Eso hubiera sido un síntoma muy malo", afirma.

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  • Tour de francia

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