“Reyes le anunció aquel túnel a Santana”

Rubén Alonso y Raúl Chamagua, protagonistas del Alianza campeón 1986-87, recuerdan los momentos clave de aquella faena, 32 años después.

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“Fue una tarde inolvidable, nunca había visto así el Cuscatlán de lleno como esa tarde, no cabía más gente en el estadio”, recuerda José Raúl Chamagua, arquero de aquel Alianza de 1986-87, cuando cita la tarde del 22 de febrero de hace 32 años, en la última final registrada entre los albos y el Águila.

Chamagua, que jugó aquel partido si guantes, camisa rayada y un ya mítico pants gris, ha contestado esta semana en repetidas ocasiones esa pregunta. ¿Cómo fue esa tarde? Pasó mucho tiempo para que se repitiera una final Alianza-Águila y la referencia con el titán de aquella choque de campeonato es obligada.

La última final Alianza-Águila será la el último antecedente unas horas más, hasta este domingo, cuando ambos grandes vuelvan a enfrentarse. Mientras el momento llega, caben los algunos repasos más a la final ’87, definida en los penaltis, y ganada 3-1 por el cuadro capitalino ante un Cuscatlán repleto.

Chamagua atajó tres en la tanda fatídica. Mientras sus compañeros tiraban, se veía al arquero albo hincado, con los ojos cerrados. Él confesó que platicaba en su madre, una destacada atleta sonsonateca, compañera de pista de Ana Mercedes Campos, fallecida durante la adolescencia de José Raúl. “Mi mamá fue quien más me apoyó para ser futbolista”, dice Chamagua. “Ella me aconsejaba que fuera disciplinado, que me dedicara. Cuando murió, le prometí que un día iba a ser campeón. En los penales, le pedía a ella: ‘Mamá, ayudame’. Y yo escuchaba: ‘Hijo, la pelota va para este lado’. Yo, hincado, platicaba con mi madre, y ella me daba paz y tranquilidad”.

El Alianza fue campeón gracias a que Chamagua venció en el duelo de penaltis a Ned Barbosa, el brasileño goleador del Águila, al estelar volante Ramón “el Primi” Maradiaga y a Salvador Coreas. 

LA PATADA
El partido comenzó a definirse una semana antes. El ex delantero albo Rubén Alonso cuenta que el domingo anterior a la final, jugadores del Alianza y el Águila se reunieron a comer en el redondel Masferrer de San Salvador. Ahí, su compatriota y compañero aliancista Carlos Reyes platicó con el volante brasileño del Águila Eduardo Santana: “Carlos le anunció: ‘En la final te voy a tirar un túnel’. Santana le respondió: ‘No me lo hacés. Te aseguro que no me lo hacés’. Cuando se lo hizo en el partido, a Santana no le gustó y le pegó la patada. Lo increíble fue que ellos quedaron con 10 hombres, pero nos dominaron. La figura fue Chamagua”.

Alonso era uruguayo, como Reyes, y su admiración por su ex compañero de vestuario y ex auxiliar en su carrera como entrenador se remonta a la juventud. “Carlos Reyes... es hablar de lo mejor que vio El Salvador. En Uruguay, él jugaba en primera de Peñaol, y yo, en segunda. Siempre fue atrevido. Un grande”.

Ante la pregunta de por qué ganó el Alianza la final ‘87, Alonso cita el impulso interno: “En el ’85, el campeonato debía ser para nosotros y no lo fue. En la final de ida, le hicimos cinco goles al Marte. Ellos jugaron el partido de vuelta con medio equipo lesionado y nos creímos campeones. Regalamos esa final (Marte remontó y fue campeón). La del ’87 no se nos podía escapar”. 

Para Chamagua, la motivación partió en el menosprecio de un directivo albo: “Con el doctor Rodríguez negociamos los premios. Los jugadores le propusimos 500 colones por el gane, y 250, por empate. El doctor nos dijo: ‘Yo les ofrezco 700 por partido ganado y 500 por empate’. Firmamos, y cuando nos íbamos, nos dijo: ‘Si no van a ganar ni un partido’. Nos motivó al revés. Le demostramos que se equivocaba y fuimos campeones”.

Alonso recuerda la euforia de llegar a la cima, pero también un festejo medido después del partido: “Fue una alegría enorme. Nunca antes vi al estadio así. En nuestra concentración del hotel Alameda no hicimos mucho. Lo festejamos cuando nos pagaron los premios, no fue con tanta euforia... Pero se dejó algo. Haber sido campeones después de 20 años con Alianza queda en la historia y eso no lo borra nadie. Siempre le digo a los jugadores: les podrán dar dinero, pero ser campeón no se borra nunca”.

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