Hoy se cumplen 30 años de la última final entre Alianza y Águila

Un día como hoy se jugó una final histórica, que no se ha repetido desde 1987. Para muchos es la final soñada y aquí la puedes revivir.
Enlace copiado
Hoy se cumplen 30 años de la última final entre Alianza y Águila

Hoy se cumplen 30 años de la última final entre Alianza y Águila

Enlace copiado

Tres décadas y una final. Alianza y Águila no se han visto en una final desde el 22 de febrero de 1987. Por afición, recursos e historia, han sido permanentes protagonistas de la primera división del fútbol salvadoreño desde su arribo allá por 1959, pero solo una vez han chocado en un partido por el título.

Hoy se cumplen 30 años de esa final que logró romper la mayor sequía sin títulos del Alianza ante un Águila que lo había derrotado en la primera final entre ambos en el Cuscatlán, en su última fase de construcción, en 1976.

Fue un encuentro denso, un 0-0 en 120 minutos. Tensión, expulsiones, controversia, penaltis. Y estadio lleno. Y un Alianza con la carga de 20 años de no ser campeón (su título anterior quedó en 1967). Con un Águila que dominó con autoridad la campaña regular y quería consumar su nivel y coronarla con la 10.ª.

En la cancha, todo ese contexto encendió el fútbol. A poco de comenzar la final, el habilidosos uruguayo Carlos Reyes le hizo un túnel al volante aguilucho Eduardo Santana; este último lo detuvo con una patada. Carlos Ortiz Cardoza, quizá el mejor árbitro de la época, lo expulsó. Ortiz Cardoza sacó dos tarjetas rojas más en los 120 minutos; a Carlos Coreas, del Águila, y al extremo aliancista Jorge Orantes.

El Águila contaba con dos volantes creativos de lujo: “el Pelé” Ramírez Zapata y “el Primi” Maradiaga; en ataque, la rapidez de Salvador Coreas y la efectividad del brasileño Ned Barbosa.

Los albos gozaban de los nacionales “Kin” Canales y Palacios Lozano, que se complementaban con los uruguayos Reyes y Rubén Alonso en ofensiva.

FIESTA COMPARTIDA

La final de 1987 tuvo que haberse jugado dos meses antes. El terremoto del 10 de octubre de 1986 obligó al fútbol a hacer una pausa y posponer sus fechas. El Cuscatlán quedó dañado, al punto que calló el techo que cubría los palcos de la esquina sur.

El Alianza alcanzó entonces el pico de su rendimiento. Apenas llegó a la postemporada gracias a un repechaje, pero ganó esa ronda, y obligó al Águila, puntero del circuito regular, a sacar al campeón en un único partido.

La expectativa fue máxima. Se hablaba del encuentro mucho antes de empezar. Se iba a desmenuzar mucho después de terminado. Eso, más el imán de ambas camisetas, hicieron una final más que explosiva.

“Yo decía que el Alianza era el campeón de papel, porque ese campeonato fue apenas la tercera que ganó; cubrimos esa final como nadie lo había hecho, con imágenes curiosas”, recuerda Sergio Gallardo.

El técnico Ricardo Sepúlveda tenía un problema. Uno de sus mejores jugadores, el zaga central José Antonio “Negro” García Prieto, estaba lesionado. Sin embargo, el chileno corrió un riesgo. García Prieto lo recuerda: “Sepúlveda me hizo una promesa: ‘Vas a salir en el equipo campeón, merecés salir’. Me incluyó en el equipo titular, y apenas inició, me cambió (salió por Biegler)”.

Con un cambio menos, los albos iniciaron una maratón de 120 minutos que exprimió sus fuerzas al máximo. Contaron con la ventaja de un hombre de más, pero sin la calma necesaria para definir.

El Águila, en tanto, hizo doble esfuerzo. El chileno Hernán Carrasco Vivanco, técnico naranja, analizó luego que “el cansancio influyó. Habíamos corrido con dos hombres menos durante casi los 120 minutos. Los penaltis fueron una lotería”.

LOS PENALTIS

Una lotería en la que, para algunos, el Alianza llegó con ventaja. El analista de la KL en esa época, Raúl Ernesto “Pato” Alfaro, dijo en su narración antes de los penaltis: “Entre (Alcides) Caballero y (Raúl) Chamagua hay una enorme diferencia. Chamagua fue extraordinario en el campeonato. El mejor del momento. Caballero (quien reemplazó al arquero mexicano Nahún Corro justo en la final) fue irregular”.

Al final, la predicción del “Pato” dio en el blanco. Chamagua fue la figura de los penaltis; le atajó los tiros a Barbosa, Maradiaga y Salvador Coreas.

El narrador radial Roberto “el Cipote” Aquino, designado a narrar los penaltis porque era quien cantaba los goles de forma más prolongada, gritó por 10 segundos el gol de Carlos Reyes, el tercero del Alianza, que aseguró una ventaja que consagró a los albos.

Años más tarde, Chamagua le confesó a EL GRÁFICO: “Yo escuchaba la voz de una persona que hubiese querido que estuviera en el estadio ese día, era mi mamá (María Ester), que había muerto unos años antes. Ella me decía: ‘Tranquilo, mi amor, tranquilo’.”

Tres décadas después, esta final sigue viva por ambas aficiones y sus protagonistas.

Tags:

  • alianza
  • aguila
  • lmf
  • primera

Lee también

Comentarios