El futbolista al que ni nueve fracturas lo detuvieron

Nery Romero fue futbolista y pensó que su carrera se había acabado luego de dos accidentes. Pero regresó para entrenar. Aquí está su impresionante historia.
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Dos accidentes en motocicleta y nueve fracturas en la pierna derecha hicieron que Nery Romero pasara cuatro años sin practicar el fútbol, el deporte que tanto le apasiona. Pero cuando creyó que su carrera se había acabado, volvió para convertirse en entrenador del equipo en el que debutó a sus 14 años.

Nery es un talentoso joven de 28 años originario del caserío Los Quebrachos, del municipio de Jocoaitique, en la zona norte de Morazán. Quien no lo conoce puede ver en él a un entrenador joven y jovial, pero no imagina todo el camino que tuvo que recorrer para llegar ahí.

Sufrió dos accidentes de tránsito que lo dejaron en estado delicado, pero volvió para dedicarse al Atlético Juvenil Los Quebrachos, un equipo con mucha trayectoria y que está luchando para volver a tercera división profesional.

EL PRIMER ACCIDENTE

Como a todo futbolista en El Salvador, el sueño de ser profesional académicamente se le ha tornado difícil a Romero, pero él siempre ha deseado ser ingeniero civil. Comenzó a estudiar esa carrera en la universidad Gerardo Barrios de la ciudad de San Miguel, pero el 16 de noviembre de 2013 sufrió la primera tragedia. Después de una tarde de aprendizaje se dirigía hacia su hogar en su motocicleta y un automóvil lo impactó, dejándolo entre la vida y la muerte.

Ese accidente le provocó nueve fracturas en su pierna derecha y lo dejó 47 días sin poder moverse. Todas las personas que lo conocían temían que no se pudiera recuperar y los especialistas aseguraban que solo un milagro haría que Romero volviera a caminar de forma normal.


En ese momento Romero jugaba en tercera división, en el Club Deportivo Chagüite Centro de Lolotiquillo, Morazán. Pese a que no podía jugar, el equipo decidió ayudarlo y él está muy agradecido por ello. Sin embargo, varias puertas se le cerraron en segunda división, a donde quería dar el salto.

En su recuperación jamás dejó el fútbol. Llegaba a la cancha en muletas, pero admite que era difícil ver a otros jugar. "Ser futbolista era lo que siempre soñé y sentía mucha tristeza por no poder jugar", contó.

CERCA DE LA AMPUTACIÓN

La historia se volvió a repetir dos años después. “Volví a vivir un accidente. Iniciaban las vacaciones en agosto de 2015 y salí en mi moto cuando otra tragedia me dejó sin caminar por varios meses. No podía creer que estaba vivo. La misma parte del cuerpo me fracturé y cuando llegué al hospital el mismo personal médico me atendió. Pero esta vez era distinto porque nadie se atrevía a hacer las cirugías, incluso me sugirieron que podían practicar una amputación de la pierna derecha. No lo permití, mi esperanza era volver a jugar”, recordó Romero.

Ser testarudo le salvó la vida. No le amputaron la pierna y volvió a usar muletas. Aunque estaba conciente que no volvería a ser jugador profesional, una nueva puerta se le abrió cuando presenció un partido en el que participaban varios jóvenes de la localidad.

“Seis meses después de mi segundo accidente fui a un partido en Los Quebrachos. Me paré, caminé a la cancha para reclamarle al árbitro y me fije que había caminado como 15 metros sin muletas. Los jóvenes vieron mis deseos de trabajar con ellos así que acepté ser su entrenador. El amor al fútbol me hizo caminar”, manifestó Romero. Es un episodio de la vida que siempre le causa risa, pero que se volvió en un punto de quiebre.

“Él es un joven luchador, su recuperación ha sido lenta, lo veo caminar, entrenar en el gimnasio, guiar a su equipo y parece mentira todo lo que ha vivido. Inició entrenando con muletas, bastones y tenis, su historia ha sido motivación para los jóvenes de la comunidad”, aseguró Nory Hernández, una amiga que ha estado pendiente siempre de su evolución.

A Romero lo acompaña casi siempre una camisa con su nombre y el logo del Atlético Juvenil, un par de tacos, un balón en su mano y un pito para dirigir a 22 jóvenes que buscan subir nuevamente a la tercera división, algo que no logran desde 2013.

OTRAS FORMAS DE GANARSE LA VIDA

Aunque que el fútbol es su pasión y también fue su medicina, Nery está conciente que en El Salvador no puede ganarse la vida solo de eso. Por eso le toca ser versátil y además de ser entrenador es comerciante, carpintero y da clases de baile. Incluso hoy en día sigue montando motos, aunque menos que antes.

Su más reciente logro es un diplomado de dirección técnica clase D que sacó con la Asociación de Entrenadores de El Salvador (AEFES) en el municipio de San Miguel.

“El balompié es mi vicio. Si defino en porcentaje mi vida, el 60 % es fútbol y el 40 % otras pasiones siempre relacionadas a él. En la universidad diseñaba canchas y cuando no había clase formábamos equipos y el que perdía pagaba el almuerzo. Jamás pagué”, aceptó al resumir su vida.

A su historia de superación le faltan todavía algunas cosas que está dispuesto a cumplir algún día. "Quiero terminar mi carrera universitaria, graduarme como entrenador clase A y subir de categoría con el Atlético Juvenil Los Quebrachos. Nada cuesta soñar, aunque cueste hacerlo realidad", concluyó.


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