Antonio David Pinho comparte su vida entre el fútbol y la orfebrería

El ex volante brasileño tricampeón con Águila en liga y con el Platense en el extinto torneo de la Fraternidad convive con su familia en New Jersey resguardado en casa para evitar el contagio del COVID-19.

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A punto de cumplir 73 años de vida y con un fluido español que de vez en cuando sin querer entre mezcla en breves momentos con su natal portugués, el brasileño Antonio David Pinho Gomes, ícono del Águila de la década de los años 70',  convive encerrado con su familia en medio de la pandemia del COVID-19 que azota específicamente la costa del Este de los Estados Unidos y esperando que el virus desaparezca pronto de New Jersey, su actual hogar y poder ir a trabajar a la ciudad de New York sin aspavientos por los problemas de salud.

Pinho cosechó tres títulos de liga y una de la Liga de Campeones de la CONCACAF con los emplumados más una de corte internacional con los viroleños del Platense de Zacatecoluca al reforzarlos y así alzar la única copa de campeón que logró el fútbol salvadoreño en el otrora torneo de la Fraternidad ganada en 1974,. Es amable al hablar y jovial como pocas personas de su edad, Antonio Pinho inicia la charla con Deportes LPG corrigiendo a muchos la errónea manera de decir su nombre de pila.

"Me llamo Antonio David Pinho Gomes, la verdad nunca supe quién me llamó David Antonio, mi nombre al revés, aunque eso nunca me molestó escuchar mi nombre al revés, tantos años de escucharlo creaba la duda de saber cómo me llamo en realidad pero es algo que heredé del Águila. En el trabajo me dicen Antonio pero en mi casa me dicen David, al final no me cambian mis dos nombres", destacó con humor el ex volante aguilucho quien arribó al país a finales de 1968 con muchos sueños bajo su brazo y con el temor de cualquier adolescente cuando sale por primera vez de su pueblo natal, Sao Joao Nepomuceno en el Estado de Minas Gerais.

"A El Salvador me llevó Silas Da Silva, fue técnico de Águila en 1968 luego de la llegada del mundialista Zózimo, el profesor Silas me entrenó de los juveniles del Bangú y llegué al Águila con 20 años recomendado por él, iba solo por un año prestado por Bangú de Río y me quedé de 1969 a 1983, llegué el 20 de diciembre de 1968, gané tres títulos con Águila el del 1972, 75-76, 76-77 y el de la CONCACAF en 1976 y el de Fraternidad con Platense en 1974 y bajé de categoría con el Platense de Honduras junto a Zapata en 1981, así es que viví de todo en Centroamérica", resumió el futbolista brasileño que ha sido sin duda uno de los mejores que el fútbol nacional recibió con los brazos abiertos y él correspondió con fútbol y goles.

"Para mí el Águila ha sido todo en mi vida, para mí El Salvador es mi segunda patria, en San Miguel y en el equipo dejé muchos amigos, pienso regresar pronto a El Salvador cuando todo esto pase, ojalá que sea pronto", afirmó Pinho.

Pinho, quien ha sido uno de los mejores volante ofensivo de los aguiluchos en su rica historia futbolística nos explica que vive con tranquilidad junto a su familia la cual ha ido creciendo poco a poco.

"Estoy en New Jersey desde el 2006 cuando compramos una casa, antes vivía en Brooklin desde 1983 que llegué luego que estuvimos en Honduras en el Platense con (Ramírez) Zapata. El Agave me quería a mí y a Zapata para ayudarlos en el ascenso en liga mayor, yo acepté  pero Zapata ya no porque Pipo Rodríguez lo llamó para la selección, por eso jugué con Agave a mi regreso de Honduras porque Águila ya había cerrado las contrataciones", explicó el volante sudamericano quien anotó 58 goles en la década de los 70' con la camiseta naranja y negro.

Pese que su estadía en El Salvador siempre fue placentera ya que allí conoció a su futura esposa no siempre guardo buenos recuerdos de San Miguel ya que dentro de su memoria guarda aún dos momentos que le marcaron su vida deportiva.

"Me motivó irme para Honduras a jugar junto a Zapata al Platense de Puerto Cortés luego del asesinato de Ismael (Díaz) en 1981, cuando regresamos a El Salvador estaba ya cerca el Mundial de España", recordó Pinho.

"Decidí mejor irme de El Salvador luego que las condiciones por la guerra se complicaron, justo el día en que la guerrilla se metió a la colonia Río Grande donde vivía y desde un helicóptero comenzaron a dispararles a ellos fue que decidí irme junto a mis gemelos y demás familia, mi miedo era por mis hijos, por mí no, me sentía a gusto pero pensar que algo les sucedería a ellos por mi comodidad decidí mejor irme que arrepentirme después. Águila incluso quería que siguiera con el equipo cuando les dije que me iba, ellos me dijeron que me mandaría a Brasil a sacar con mis 36 años a sacar mi curso de entrenador, yo me sentía bien, quería seguir jugando, pero mejor me fuí", confesó.

SU OTRA PASIÓN, LA JOYERÍA

Antonio Pinho cumplió su promesa y viajó a los Estados Unidos en 1983 para radicarse en la ciudad de Nueva York junto a su familia aunque su arribo fue difícil nunca dejó su pasión por la pelota.

"Al llegar no dejé el fútbol, jugué en una liga italiana, era con un equipo italiano de semiprofesionales llamado 'Brooklyn italians', allí entrenaba tres días de la semana y por eso jugaba en otro equipo hispano de otra liga de Nueva York llamado 'Escuintla', los dueños eran de Guatemala y allí jugaba Genaro Sermeño, fuimos compañeros junto a otros ex futbolistas hondureños de primera división",  externó con orgullo el ex mediocampista del Bangú de Río entre 1964 y 1968.

Pero la vida cotidiana de Antonio David Pinho en Nueva York no ha sido alrededor de una pelota de fútbol, en Estados Unidos descubrió su otra pasión, la orfebrería.

"Actualmente trabajo en una joyería llamada 'Colo Masters', tengo 11 años trabajando en Nueva York, aprendí la orfebrería, un mexicano llamado Norberto era dueño de una joyería grande y me recomendó con un argentino llamado Juan Rosenfren, la verdad no me considero un joyero de experiencia, hago muchas cosas como anillos, cadenas, hago de todo", explicó Pinho. "Trabajamos con una compañía grande y reconocida llamada 'Tiffany', se hacen muchas cosas de platino y oro de 8K", indicó con orgullo de su nueva labor.

Pero la pandemia del COVID-19 lo ha confinado en su casa en New Jersey a tal grado que Pinho recuerda que "el último día que trabajé fue el 13 de marzo, posiblemente retorne el 30 de mayo dependiendo de lo que pase, estamos utilizando el seguro de desempleo, por eso no me preocupo, no nos falta nada en casa gracias a Dios, mis hijos siguen trabajando pero de manera irregular, Wilson pidió libre tres meses y la aerolínea se los concedió y Marcelo trabaja cuatro días a la semana", explicó el ex futbolista quien reconoce que su familia es su bastión.

"Vivo con mi esposa Gloria Armida Granillo, migueleña con orgullo, ya con 49 años de matrimonio y mis tres hijos, los gemelos Antonio David Pinho y David Wilson Pinho de 48 años, son los mayores y el menor Marcelo Pinho de 40 años es policía federal en el aeropuerto RF Kennedy en el área de revisión de pasaportes, en Migración , David Wilson trabaja con American Airlines desde hace 21 años y Antonio trabaja como inspector de la ciudad de Nueva York", explicó con orgullo.

"Tengo tres nietos varones, hijos de Wilson (21), otro de Marcelo que tiene 15 y uno de Antonio que es el mayor de los gemelos tiene 10 años, en mi casa la única hembra es mi señora, es la reina", admite.

Pinho intenta no aburrirse haciendo miles de cosas en casa "no me aburro mucho, tengo un patio grande donde juego fútbol o hago ejercicios en casa, trato de distraerme para no sentir los días largos", aseguró. "La familia de mi señora en San Miguel y en Santa Tecla están bien, la mayoría de su familia vive en los Estados Unidos y ellos están bien gracias a Dios, esperando que pase todo esto de la pandemia", indicó.

Finalmente Pinho confesó que le alegró mucho que el fútbol a nivel mundial comienza a dar indicios de retomar su actividad normal aunque reconoció que no le gustó el reinicio de la Bundesliga el viernes anterior.

"No sentí sabor en la reanudación de la liga en Alemania, pienso que se adelantaron mucho para continuar la liga, los jugadores los miré descontinuados, nadie estaba al 100% de su capacidad y ver los partidos con el estadio vacío es como ir a misa a escuchar solo al sacerdote, no se siente ese sabor que el fútbol produce, la verdad me sentí extraño ver un fútbol así, los que vivimos el fútbol sabemos que el jugador no está para jugar de manera profesional con el estadio vacío y eso fue lo que sentí al ver a los jugadores alemanes jugar."

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