Adiós, ídolo

Editorial de El Gráfico ante el fallecimiento de Diego Armando Maradona.

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Maradona fue más grande que Diego Armando. Sobre sus espaldas cargó durante años el reto de traducir la pasión argentina por el fútbol en hegemonía mundial, y además fue el catalizador del herido patriotismo albiceleste luego de la Guerra de las Malvinas. Sin duda, demasiado peso para un solo hombre... a menos que ese hombre fuera excepcional.
 ¿Qué tan excepcional fue Maradona? Quizá no tanto como Diego Armando. 

Diego Armando, el hombre, el de Villa Fiorito, el hijo de la marginalidad, el chico al que sólo la pelota podía salvar de una vida de pobreza y exclusión,  nunca dejó de creer. Y por eso persiguió el entonces imposible sueño de llevar a su país a la cima del fútbol.

La cima del fútbol no era ganar la Copa del Mundo, algo que los Kempes, los Bertoni y los Fillol consiguieron en 1978; la cima era dominar la escena internacional, establecer que no había mejor balompié que el argentino, y para ello, es cierto, se necesita ganar al menos un Mundial. Pero no basta con eso, como bien lo supieron los ingleses en 1966 o los franceses en 1998.

Y Diego Armando lo logró, resumiendo la quintaesencia del fútbol rioplatense en dos goles: uno de ellos con toda la picardía del potrero, violando el reglamento y sacando ventaja del punto ciego del árbitro; el otro, con un exceso de talento, técnica, velocidad y timing. Dos mundos en un solo partido,  pecado y milagro contra los ingleses.

Ese día, merced al talento de Diego Armando, nació Maradona. Y a Maradona, a diferencia de al hombre que lo parió esa tarde en el estadio Azteca, sólo le tocó vivir. No trabajar, no cuidarse, no atesorar sueño alguno, no negarse a los apetitos, no privarse de ningún exceso. Es que  adonde el hombre sufre, el mito goza.

Retirado del fútbol, Maradona polarizó las opiniones. Es que la unanimidad que generaba con la pelota no tuvo nada que ver con lo discutible de sus posiciones,  lo desprolijo de algunos de sus últimos años, el efecto de sus adicciones en su salud y lucidez.Ayer, finalmente, Diego Armando y Maradona volvieron a ser uno. Y juntos, en el estertor, le dieron finalmente la bienvenida a la leyenda. 
 

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