BARCELONA, ESPAÑA. Croacia conquistó hoy la medalla de bronce del Mundial de Balonmano de España 2013 al zafarse de Eslovenia (26-31) en un duelo balcánico en el que los croatas fueron un vendaval en el segundo tiempo e hicieron añicos el sueño del equipo revelación del torneo.

Llevados en volandas por la velocidad de Cupic y los martillazos de Duvnjak, confirmado heredero del ausente Ivano Balic, Croacia repitió la medalla que lograron el año pasado tanto en el último Europeo como en los Juegos Olímpicos. En el historial les quedará además haber apeado a la vigente campeona, Francia.

El domingo no estarán en la gran final por el cetro mundial, pero los croatas han vuelto para quedarse entre los grandes equipos del panorama actual. Y gran culpa de ello la tienen Cupic y Duvnjak.

Los ocho goles por cabeza del extremo y el central acabaron llevándose por delante la ilusión de la incipiente Eslovenia. Y eso que, durante media hora, los de Boris Denic expusieron a sus rivales un exigente intercambio de golpes, en los que Croacia no lograba, a duras penas, abrir una brecha más allá de dos goles.

Si se fueron ganando al descanso (13-14) fue solo gracias a que los eslovenos se estrellaron dos veces contra el poste justo antes del intermedio. Durante un buen rato habían igualado cada arrebato croata e incluso se habían avanzado en el marcador (12-11, m.24).

Había advertido Denic que el Equipo de los Héroes, como se conoce a los eslovenos, solo se ganarían esta vez el honor de tal apodo si volvían a casa con una medalla. Su meta Prost, con 16 paradas, fue el máximo responsable de que durante un buen rato rozaran la gesta con los dedos.

Pero fue un jugador precisamente con un dedo amputado, Cupic, y la pólvora en las manos de Duvnjak, las que acabaron apagando el conato de incendio y amarrando una medalla que se suma al oro y tres platas en este torneo que ostentaban hasta ahora los croatas.

Todo el ímpetu esloveno se vino abajo tras la reanudación, como si un equipo distinto hubiera vuelto del vestuario. Al empate de Dolenec a los pocos segundos le siguió una sequía de casi once minutos sin anotar. Cuando volvieron a amanecer del letargo, Croacia ya estaba seis goles por encima (15-21, m.42).

Los errores de una Eslovenia atascada en ataque propiciaron un contragolpe tras otro a placer, hasta que la herida llegó a extenderse incluso a ocho tantos (16-24).

Solo el orgullo de unos y la comprensible relajación de otros permitió a los Eslovenos recortar distancias y maquillar la derrota final (26-31). La regenerada Croacia ha dejado de ser sorpresa para ser ya toda una realidad.