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  • Firpo contra Once Municipal 19/08/2012

Historia del Once Municipal

La historia del Once Municipal presenta un nacimiento similar a lo ocurrido con el FAS; es decir, que emergió de la unión de futbolistas de los diferentes equipos de su departamento.

Su fecundación ocurrió precisamente cuando llegó a Ahuachapán Salvador Marinero en 1946, originario de San Vicente, buscando nuevos horizontes.

Siendo sastre de profesión, puso su taller en la colonia Magaña, en el mero corazón de Ahuachapán, y a los días hizo sus amistades con la clientela.

Y como le gustaba el fútbol, charló con algunos vecinos y armó un equipo para que jugara en la segunda división. Lo tuvo poco tiempo, porque le tocaba comprar las pelotas, uniforme, hacer la colectas en las taquillas para pagar jugadores, etc. Vio que no era viable dado el bajo presupuesto con el que contaba.

Marinero tuvo al equipo por un año y se preguntó si había alguien que pudiera ayudarles con el equipo en lo económico y logísitico, por lo que decidió tocar las puertas de don Alfonso Salaverría, dueño de fincas y alcalde en esa época de la ciudad.

Le hizo la invitación y el edil aceptó, pero primero quería ver cómo estaba el equipo y lo observó en el Llano del Espino, un campo en las afueras de la ciudad, que era donde jugaba.

Sin embargo, su primera impresión no fue grata y le dijo a Marinero que así como estaba el conjunto no iba a llegar muy lejos. Entonces, giró instrucciones para que se reforzara con equipos de la segunda división.

Uno de los nuevos refuerzos fue el defensor René “Chacuate” Moscoso, quien aún permanece en la actualidad como el referente histórico desde la fecundación del cuadro canario.

Por las exigencias de Salaverría de tener a juveniles, fue como se incorporó Moscoso, un chaval de oficio zapatero. “La mayoría no me quería porque era muy joven. Sin embargo, don Alfonso les convenció y así llegué al equipo”, comentó el ex canario a EL GRÁFICO.

Pero lo que también convenció a “Chacuate”, mientras él militaba en el México, fue que sus compañeros le decían que después de cada entreno con el Once Municipal, don Alfonso Salaverría llegaba y les regalaba un colón, además de la indumentaria. “Ahí me ganaron”, dijo y con esta unión de jugadores de otros conjuntos fue como nació el Once Municipal.

Ante el Ferrocarril fue el primer juego de titular de Moscoso tras la baja de dos jugadores del equipo en agosto de 1946. El entrenador se le acercó y sencillamente le dijo: “Hoy es el día que te toca desmostrar quién sos. O te hacés, o te deshacés”, le dijo, lo que terminó de afligirlo.

Hizo un buen partido y tras el pitazo final, una victoria de 3-1 fue suficiente para corroborar una buena actuación.

Recuerda que le sacaron en hombros y Moscoso no se explicaba el por qué. También trae a la memoria que en agradecimiento, la afición le regaló dinero, y de poco en poco, juntó la cantidad de cien colones (un dineral para la época), lo que le ganó más la ambición por jugar. En ese torneo, los canarios quedaron en segundo lugar.

Una de las características en la gestión de don Alfonso, era que el edil les daba trabajo a sus jugadores, ya sea en la alcaldía y otros en la Administración de Rentas en Ahuachapán, además de alojamiento y comida.

Para la campaña de 1948-1949, llega procedente del FAS Armando Chacón como nuevo timonel. El equipo se reforzó con jugadores costarricenses, los primeros en jugar en el fútbol salvadoreño.

Tras una fenomenal campaña, logran el título precisamente en un juego ante el FAS tras un empate a dos goles. Su más cercano perseguidor, el Libertad, también igualó por lo que el título se fue para Ahuachapán.

PRIMERA FUGA

Ya con el título, los jugadores comenzaron a pedir aumento en su salario y el pope canario les dijo que no tenía cómo darles más dinero y que el que quería irse que se marchara. Fue así como ocurrió el primer éxodo de jugadores, pues muchos fueron los elementos que recibieron ofertas de otros equipos, principalmente el Atlético Marte.

Pero por esas cuestiones de la vida, cuando se reanudó el torneo nacional para la temporada 1950-1951, los canarios no se presentaron a competir por los problemas de no contar con jugadores, y ante la negativa de Salaverría de aumentarles el salario, vino la penosa consecuencia de perder su categoría y terminar hasta la cuarta división.

Tras el retorno de otras piezas, el Once Municipal comienza su carrera por el retorno y fue en 1955 cuando alcanza el ascenso a la primera división. En ese año se dio la división oficial en el fútbol salvadoreño en sus categorías y de la campaña anterior los primeros ocho equipos (de 15 que jugaron) se quedaron en primera y los otros formaron oficialmente la liga de ascenso.

Nuevamente por problemas con los jugadores, Salaverría optó por dar un paso al costado por lo que decidió vender la categoría por un colón al Atlético Constancia en 1959, equipo que posteriormente pasaría a llamarse Alianza F.C.

El equipo vuelve a primera división en 1963 y se mantuvo como protagonista ubicándose entre los primeros cuatro del torneo, pero nuevamente la marcha de jugadores clave auguraron una nueva debacle y en 1970 desciende.

Con el objetivo de conseguir un lugar donde jugar, le pidieron una parte a Arturo Simeón Magaña, reconocido galeno ahuachapaneco y quien era el dueño del terreno alrededor de la cancha El Zapotón.

Magaña aceptó donar el terreno y su visión era la de hacer un estadio en los años posteriores, el cual sería un referente del pueblo ahuachapaneco y de inmediato comenzaron las construcciones en octubre de 1972 y el 30 de marzo de 1974 abrió sus puertas al público.

En la década de los 70, el Once Municipal sería protagonista nuevamente del fútbol salvadoreño al obtener dos subcampeonatos de forma consecutiva (1977 y 1978). Pero en 1980 descendió y el equipo pasó en las sombras de la segunda división por quince años y en 1993 tocan fondo cayendo hasta la tercera.

ASCENSO

Uno de los personajes que serán más recordados en la época moderna del cuadro canario es sin duda el polémico Adalid Magaña, que se hizo de las riendas del equipo en 2001 para salvarlo de una crisis económica.

Se disputaba la temporada 2003-2004 de la segunda división y los canarios no eran precisamente los favoritos para llegar al circuito mayor.

De hecho, problemas económicos hacían dudar de la continuidad de gran parte del plantel y tras muchas adversidades.

Los fronterizos se ganaron el mote de “matagigantes” en esa temporada y les faltaba uno, el Once Lobos en la mismísima final. Los lobeznos eran los candidatos firmes para ganar el ascenso directo y contaban con jugadores experimentados como Memo Rivera, William Renderos y Edwin “el Bonchinche” Portillo como estratega.

Los chalchuapanecos no salieron del asombro cuando en la primera mitad el marcador del estadio Cuscatlán mostraba un 3-0 a favor del Once Municipal en la tarde del 22 de mayo de 2004. Un “hat trick” del colombiano Víctor Jaramillo hizo las pesadillas para los yuqueros y la fiesta para los ahuachapanecos.

Aquí comenzó su última travesía en la primera división, una época con inicio regular y que posteriormente escribió las páginas gloriosas en su haber.

Fue hasta el 2006 cuando las cosas comenzaron a ir viento en popa. En julio de ese año, Nelson Ancheta fue contratado como entrenador para una nueva campaña; sin embargo, la poca confianza de Magaña le dio apenas tres partidos, que de no ganar, ya lo hubiera echado.

Comenzó la tarea del chalchuapaneco de armar un equipo y de inmediato se caracterizó por reforzarse con jugadores que habían sido desechados por equipos grandes.

El 2006 fue el retorno de la Copa Presidente, y los canarios supieron administrar bien su plantel en dos competiciones. Disputó la final ante el Águila y los dirigidos por Nelson Ancheta se agenciaron la segunda edición del torneo de Copa.

Se llegó la final el 17 de diciembre de 2006 y a pesar de comenzar perdiendo con un autogol de Nerio, los canarios mostraron más garra y en un partido agónico que se definió en tiempo extra, el Once Municipal se vistió de gloria y conquistó su segundo título nacional y terminó una campaña de ensueño con un doblete histórico.

Pero luego se vino la debacle, con errores dirigenciales, del cuerpo técnico y jugadores, y el cuadro canario retornó a segunda división en 2008 poniendo punto final en este virtuoso ciclo de importantes éxitos.

Volvió para el Apertura 2010 al ganarle el repechaje al Municipal Limeño. El ascendido directamente fue el Universidad de El Salvador. / WILLIAMS SANDOVAL, EL GRÁFICO