Más que preocuparse por la imagen actual, en el Águila deben decir cómo planean mejorar.
David Bernal
Periodista de El Gráfico
La primera vez que escuché del Águila, en los 90, fue de boca de mi abuelo paterno, quien cada vez que había partido se pegaba un viejo radio portátil al oído y pasaba, durante horas, pendiente de lo que podía hacer aquel equipo de sus amores.
      
Pero el tiempo pasa y así como el viejo ya no está en este mundo, tampoco la gloria del equipo oriental parece estar donde debe estar. El Águila de este Clausura 2013 va camino a ser el peor desde que se instauraron los torneos cortos, a la luz de los números. Su peor actuación data del Clausura 2005, cuando sumó 20 puntos en 18 partidos y cuando después de  11  jornadas llevaba nueve unidades; es decir, una más de lo que lleva hoy.
  
El mal momento que pasa se refleja incluso en los graderíos. Su afición, que una vez se jactó de ser “la mitad más uno” a nivel nacional, hoy apenas y suma unos cientos en los partidos en San Miguel, producto de una imagen institucional devaluada por los malos resultados.
 
Buscar culpables a estas alturas resulta casi inútil. La directiva tomó malas decisiones y el cuerpo técnico tuvo poco material humano para trabajar. Los jugadores intentan darse ánimo, pero algunos, en las charlas previo a las prácticas, muestran  indiferencia, esperando solamente que este torneo acabe lo más pronto posible.

Cualquier grande pasa una mala racha, eso es cierto, pero si el presente está mal hay que ver cómo se planea mejorar en el futuro próximo. Si acaso se tiene un plan hay que decirlo; si no lo hay, entonces abundan las excusas y las acusaciones sin criterio.
Más que preocuparse por la imagen actual, en el Águila deben decir cómo planean mejorar.