LONDRES, INGLATERRA. El Chelsea cerró este sábado una racha de cuatro encuentros sin ganar con un 4-1 en Stamford Bridge ante el Wigan, en un partido en el que los de Roberto Martínez se aprovecharon de un nuevo error en defensa de los "blues" para dar emoción al duelo en la segunda parte.

El brasileño Ramires abrió el marcador en el primer tiempo y el belga Edin Hazard plantó el 2-0 al inicio del segundo, si bien el escocés Shaun Maloney intranquilizó con un tanto inesperado a los de Rafa Benítez, que tuvieron que esperar hasta el 86 para respirar tranquilos.

Al filo de la conclusión, el inglés Frank Lampard cerró el partido con el tercer gol de los locales, tras lo cual el alemán Marko Marin redondeó la victoria.

Los "blues" llegaban al duelo ante el Wigan necesitados de los tres puntos tras firmar tres empates y una derrota en sus últimos tres encuentros, y confiaban en que el duelo ante el antepenúltimo equipo de la tabla resultaría asequible.

Los del español Roberto Martínez, sin embargo, saltaron al césped londinense convencidos de que podían dar la sorpresa ante el tercer clasificado y llegaron a poner en aprietos a los locales en los primeros minutos.

El primer aviso de que en la liga inglesa no hay rival menor lo dio el delantero argentino Franco Di Santo, que obligó al guardameta Petr Cech a atajar un disparo que habría echado por tierra los planes de Benítez.

A medida que pasaban los minutos, el Chelsea se asentaba en el campo y, sobre todo, el español Fernando Torres comenzaba a adquirir confianza y se mostraba especialmente activo en el ataque.

Benítez prefirió volver a confiar en el exdelantero del Atlético de Madrid antes que en el senegalés Demba Ba, obligado a llevar una máscara para proteger su nariz, rota la pasada jornada tras un choque con el defensa argentino del Newcastle Fabricio Coloccini.

Antes del minuto veinte, el "Niño" había fabricado ya dos oportunidades que habían metido el miedo en el cuerpo a los visitantes, y en el minuto 23 dio el pase final del gol que ponía por delante a los "blues".

El brasileño David Luiz metió un balón desde el centro el campo hacia Torres, que en lugar de girarse y encarar el área rival, vio por el costado derecho a su compañero Ramires en carrera y, sin pensarlo, al primer toque, cruzó una diagonal que habilitó al también brasileño para batir al arquero omaní Ali Al Habsi.

Por detrás en el marcador, el Wigan se tambaleaba y los de Benítez se esforzaban para no aflojar la presión y tratar de aprovecharse de la debilidad del rival y anotar un segundo tanto para cerrar cuanto antes el encuentro.

Los "blues" dominaban el juego en la segunda parte, pero Benítez no estaba tranquilo en el banquillo: no en vano, el técnico español ya advirtió esta semana a los suyos de que no podían permitirse nuevos errores en defensa como los que propiciaron que el Newcastle remontara la última jornada un encuentro que el Chelsea ya veía en el bolsillo (3-2).

Así las cosas, el belga Eden Hazard pareció sentenciar el duelo a los diez minutos del segundo tiempo al rematar una asistencia desde la derecha del español César Azpilicueta, pero una vez más los de Benítez se confiaron en exceso al verse dos goles por delante y la defensa volvió a cometer uno de esos fallos que les ha costado varios puntos esta temporada.

Apenas tres minutos después, uno de los jugadores más letales del Wigan, el escocés Shaun Maloney, encontró un hueco entre la defensa en línea del Chelsea, que se quedó clavada en la hierba, para recoger un balón largo que había perdido Hazard en el área de Cech y resolver ante el guardameta checo.

La tranquilidad final para el Chelesa la logró el inglés Frank Lampard a cuatro minutos para el final, cuando colocó desde fuera del área el tercer gol de la tarde.

Con el 90 cumplido y el Wigan rendido ante la evidencia de la derrota, los locales todavía ampliaron su ventaja con un tanto de cabeza del alemán Marko Marin, de nuevo a pase de Azpilicueta.