Si uno valora lo que hizo Edwin “Bochinche” Portillo con el Isidro Metapán en sus seis años de vigencia como técnico, no cabe ninguna duda que se ganó el derecho de ser respetado por siempre, de perdonarle errores, de apoyarlo con sentido de responsabilidad incluso en las derrotas.

Si hacemos un repaso de su actuación al frente del conjunto calero, Portillo no siempre estuvo rodeado del éxito, a veces ganó títulos y también tuvo torneos en que ni siquiera llegó a semifinales, y sin embargo fue valorado como debe ser por aquellos dirigentes de entonces que tenían una visión distinta.


Ahora no le perdonaron no ganar en siete paridos. Y tras esa decisión apresurada de los actuales dirigentes caleros, me imaginé a Portillo traicionado en su esfuerzo, relegado al fracaso, como si los siete títulos entregados a su pueblo se los hubiera encontrado en la calle.


Vuelvo a pensar en qué manos está nuestro fútbol, rodeado de la impaciencia, con la mente resultadista, porque no hay tiempo para pensar a largo plazo. Y entonces recurro a las comparaciones, a pensar en los años que tiene Alex Ferguson al frente del Manchester United a pesar de que en muchos de esos años no pudo subirse al podio de campeón y en muchos casos el equipo dio pena.


No sé si los dirigentes caleros apartaron la prisa y se sentaron a meditar sobre lo que iban a hacer, pero sea como sea me queda la impresión de que la decisión la tomaron más con el hígado que con el cerebro, sin pensar un segundo en el desatino de despedir a un tipo que, les guste o no, ya forma parte de la historia de la institución. Ojalá mañana no lo lamenten y vayan a buscar al “Bochinche” para traerlo devuelta, como siempre ha ocurrido. Espero que no.